UN AMIGO INESPERADO

 

Tenía apenas nueve años y una enfermedad le obligó a guardar reposo absoluto en la cama. Eran otros tiempos, ahora parecen irreales, pero existieron. No había internet, ni ordenadores, ni móviles. Lo más moderno en aquel momento eran los tebeos. Todos los domingos gastaba la paga, que sus padres le daban, en uno de Mortadelo y Filemón, en eso y en tres barritas de regaliz negro.

El día que tuvo que quedarse en la cama sabía que iba a estar sola casi todo el día. Su padre se iba al trabajo, su hermana al colegio y su madre asomaba por el cuarto, de cuando en cuando, para ver cómo estaba.

María nunca protestó. Enfiló su triste destino callada. Al principio releyó todos los cuentos que tenía en la estantería de encima de la cama. Los lomos estaban pelados de tanto leerlos y a alguno le faltaba la tapa. Pulgarcito, Caperucita, La princesa y el guisante…Todos pasaron largas horas, junto a ella, en la cama.

Pero el día era muy largo y al final el aburrimiento acababa por dormirla. Fueron muchos días de letargo que acabaron por agotarla.

Inventó amigas que iban a visitarla, cambió la letra a las canciones que se sabía y, cuando eran las seis de la tarde, se callaba para escuchar el murmullo de los niños que salían del colegio y pasaban bajo su ventana. Le gustaba oír sus risas, se imaginaba que ella estaba en la calle con ellos y, cuando ya no se oía nada, cerraba los ojos y lloraba.

Tres meses así se hicieron muy largos. Pero María era dócil y no se movía de la cama.

Un día cambió todo de repente. Un largo timbrazo en la puerta le hizo presentir que algo bueno iba a pasar ese día. No se equivocaba.

La portera de la finca encontró un pequeño gorrión delante de la casa. Era un pollito tan pequeño que no tenía ni plumas, tan solo un suave plumón lleno de calvas rodeaba la escasa carne de aquel pequeño indefenso.

ꟷIgual la niña puede alimentarlo ꟷle dijo a la madre de Maríaꟷ. Seguramente se morirá, es demasiado pequeño.

María recibió a aquel pajarito como si le hubieran traído al mejor amigo del mundo.

Aparcó a sus amigos invisibles fuera de aquel cuarto. Nada podía empañar su relación con aquel bebé indefenso. Consiguió alimentarlo con migas de pan untadas en leche y su madre le coció un huevo para que se pusiera fuerte pronto.

María ya no lloró más en silencio, tenía demasiada alegría dentro.

Aquel gorrión fue su mejor amigo. Dormía acurrucado en el hueco de su clavícula después de unos gorjeos de tierno cariño. Paseaba por la cama, salto a salto, como si fuera el mismo campo lo que rodeaba al cuerpo de María y acudía veloz a su mano cada vez que ella le llamaba.

El día que María empezó a poder salir de la cama, Quitín, que así se llamaba su amigo, salió con ella y empezó a explorar el resto de la casa. Voló alegre por todas partes, pero siempre volvía a cobijarse en el hueco de la clavícula de María.

Aquella amistad duró mucho tiempo, Quitín fue el amigo más fiel que podía haber encontrado. Fueron muchas horas juntos, media vida de aquel pájaro. Muchos besos, risas y juegos entre ellos dos, sin ningún testigo.

María se curó, volvió al colegio. Ahora era Quitín quién la esperaba en silencio.

Luisa Ruiz Bueno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 pensamientos en “UN AMIGO INESPERADO

  1. Qué cosa más bonita Quintín, tú, el sentimiento. Todo. Es una delicia y un placer siempre leerte. Acaricias a mi Nina interior y me haces sentir segura. Eso es. Es una sensación eterna de paz cada vez que te leo. Millones de besos, abrazos y

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