TRES HERIDAS

Tres heridas, niña, llevo alojadas en mi garganta. Tres heridas abiertas por donde mi corazón se desangra. Una por tus ojos alegres de aceite y miel clara; otra por tu risa alborotada de azúcar y canela en rama; y, la que más duele, la que más me mata, tu indiferencia, que me hiere y se me clava  como la sal en una herida amarga.

Tres aceros de hoja fina y larga, tres cuchillos envueltos en oro y plata, los tres que me clavaste una mañana en la orilla de la playa. Y ahora los llevo conmigo, como una penitencia larga, ahogando entre su sangre mis suspiros y mi habla. Mis sentidos se han vuelto locos, mis sentimientos naufragan, ya no saben si quererte como a mi vida o adorarte como a mi alma. Quisiera que una ráfaga, intensa y helada, del aire frío de invierno se te llevara, como a las hojas del otoño, que una vez secas ya no sirven de nada. Pero, ¡ay mi niña de los tres aceros!  ¿cómo desear que te vayas?, ¡si me derrito en tus ojos color verano y en tus labios de frambuesa y nata!

Quítame esta pena, niña, ¡que me tiene despierto hasta la alborada! Que no me deja ver las estrellas porque tu brillo me las tapa. Quítame estos aceros, que mi vida se escapa entre los poros que deja este amor que me desarma.

¡Ciérrame estas heridas! Líbrame de estas armas blancas. Dime que me amas, acógeme entre tus brazos y deja mi vida en calma.

Tres heridas, niña, las tres ahogándome en la garganta. Tres aceros afilados que me dan la vida y al mismo tiempo me matan.

Luisa R. Bueno

Relato escrito para un reto. Tenía que ser un relato de prosa poética.

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