QUE LA LUNA CAE

Que la luna cae, que no se da cuenta.

Que baila dormida cuando está llena.

Todas las noches que hay luna llena, mi hija espera que caiga en su cama.

No entiende que pueda estar tan arriba, ¡que sepa volar sin alas!

No entiende, tampoco, que camine por el cielo hasta desaparecer al alba.

Ni que aguante despierta la noche entera, sin echar ni una sola cabezada.

«¿Y sí un día se cae la luna? ¿Si la busco en el cielo y ahí ya no hay nada?»,

me pregunta mi niña muy preocupada.

«¡Qué no, qué no se cae!», le digo entre besos,

«¡qué un ángel voló muy alto para dejarla ahí colgada!».

«Que la luna duerme, que anda entre sueños y no se da cuenta. ¿Y si choca con una estrella?,

¡mira que no tiene alas!», me repetía muy asustada.

«¡Déjala que duerma!, quizá esté cansada. Se pasa la vida caminando descalza.

Y si un día cae, abre bien tu cama y hazle un huequito en el pliegue de tu almohada».

«¡Qué no quiero que caiga!», insiste mi niña, «¿y si el mar se la traga?».

«Deja que la luna duerma, déjala  soñar.  Y si se cae en la arena, la volvemos a acostar».

Luisa R. Bueno

 

 

 

 

 

 

 

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