MATRIMONIADAS

 

En estos días de balcones y ventanas como único medio de ver la vida, a veces ocurren cosas que consiguen sacarte una sonrisa. Os cuento. Una vez que los niños se habían acostado, salí a la ventana a fumarme un cigarro. Ese del fin del día, el que fumas con más reposo y saboreas como si, en vez de humo, fuera un vino caro.

Apenas encendí el mechero vi a mi vecina Maruja que caminaba sobre el parterre del paseo. Se la veía apurada, como si buscase algo. Había sacado a su perro, siempre lo hacía por ese trozo del paseo, pero nunca la había visto hacerlo tan tarde. Su perro es un mil leches, de esos que salen tan bonitos y graciosos que no puedes dejar de quererlos. Maruja estaba loca por ese chucho, de pelo blanco y hocico rosa, que se comportaba como un cachorro aunque tenía más de cuatro años.

Estaba entretenida en medio de mis caladas cuando vi salir a su marido, a Paco, por la puerta del edificio. Para mi asombro iba en pijama y zapatillas. Su abultada tripa se abría paso entre los botones de la chaqueta de aquel pijama, que parecía de un hospital antiguo. El color azul estaba ya muy clareado y el pantalón le llegaba por el tobillo.

ꟷ¡Pero Maruja! ꟷle gritó desde el otro lado de la aceraꟷ  ¿Qué haces tanto rato en la calle? ¡Ya pensaba que te había pasado algo!

Maruja se volvió hacia él gritando:

ꟷ¡Qué he perdido las gafas!

A continuación paso a contaros la conversación tal como la recuerdo. Me pareció tan surrealista que asomé mi cabeza todo lo que pude para no perder detalle.

ꟷ¿Cómo puedes perder las gafas si las llevas puestas?

ꟷ¡Que no tonto!, que me las colgué en el pico del escote porque se me empañaban con la mascarilla y no veía nada.

ꟷMenos verás sin ellas, ¡qué malo me sabe que seas tan despistada!

ꟷTampoco a mi me gusta verte en la calle en pijama.

ꟷ¿Y como quieres que baje si me has dado un susto de muerte?  ¡Ya pensaba que te había ocurrido algo!

Yo asistía a aquella escena, con una sonrisa en la cara, y sin poder evitar acordarme de aquella serie antigua que se titulaba Matrimoniadas. Esta sin duda era la pareja de los más mayores, solo que Maruja era delgada y Paco bastante gordo.

ꟷVenga, busca deprisa ꟷapresuró Pacoꟷ,  que aún van a multarnos por estar en la calle.

ꟷ¡Paco, que sin las gafas no veo nada! ꟷprotestó Maruja en tono enfadadoꟷ,  métete en el césped, a ver si se me han caído por ahí al recoger la caca del perro.

Después de un rato mirando, Paco se irguió de nuevo. Los botones de la chaqueta del pijama no habían aguantado la presión y le habían saltado los dos del centro. Os juro que tuve que meter la cabeza dentro para que no me escucharan la risa.

Una nueva voz llegó hasta mí mientras me ocultaba tras los cristales.

ꟷ¡Maruja, que las lleva en la boca el perro!

Me dio lo mismo que me vieran, tuve que asomarme de nuevo. Los ojos me lloraban de la risa y, mientras los vi cogidos del brazo regresar a su casa, pensé: «Cómo cambia el amor con los años,  casi tanto como nuestros cuerpos. Pero, aunque cambien los modos, se sigue viendo cuando es amor del bueno».

Luisa Ruiz Bueno

PD Es tan solo un relato para distraer el tiempo. No tengo, por desgracia, estos vecinos.

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6 pensamientos en “MATRIMONIADAS

  1. Ya lo siento, Luisa, de repente no encontraba el enlace a tu publicación en el FB de Alumnos… Por eso he tardado tanto en llegar a aquí. Me ha pasado un poco como a esa vecina ficticia de la que nos hablas. La escena cómica me ha parecido muy buena, pero también te digo que no sería la primera vez que creo haber perdido algo (con las gafas no me pasa porque las necesito en todo momento) y en realidad lo tengo delante de mis narices ^^.

    Como bien señalas, el amor cambia con los años, se pierde la pasión y deja paso al cariño en una de sus múltiples formas, pero el marido estaba preocupado por ella, lo cual es inidicio de que de verdad la quiere.

    Como siempre un placer leerte. Tienes el don de plasmar escenas reales, o muy veraces, con una maestría pasmosa.

    Un abrazo.
    P.D.: gracias por las indicaciones que me has dado sobre la reseña

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