EL ASCO

 

 

 

Está muerto. ¡La de veces que había fantaseado con hacerlo! Me sorprende lo fácil que me ha resultado. No siento nada ahora mismo, ni pena, ni rabia…al contrario, una extraña paz se ha apoderado de mí. ¡Hacía tiempo que no me sentía tan tranquilo!

Mi calvario ha terminado. Ahora parece un pobre diablo, ahí, con el cuello roto en medio de toda la inmundicia que ha acumulado. ¡Dios, que olor tan asqueroso! Ni la misma muerte consigue enmascararlo.

La culpa no es mía, ellos me obligaron a hacerlo. ¡Si me hubieran hecho caso! Síndrome de Diógenes dicen que tenía. ¡Cómo si ponerle nombre me pudiera solucionar algo! Tenían que haberlo recluido…pero nadie hizo nada.

Esta sociedad está tan podrida como todo lo que este hombre guarda en su casa. Cuando el problema es de otro nadie quiere solucionarlo. ¡Hipócritas! ¡Tiranos! Esto solo nos pasa a los pobres, ellos no, ellos ya tienen medios para evitarlo.

Nadie sabe lo que es vivir pared con pared con esta peste, con el hedor que impregna el tabique hasta entrar de lleno en mi casa. Y los insectos…las cucarachas no entienden de fronteras, una puerta no las detiene. He tenido que vivir con miedo a pisar el suelo y aplastarlas con mi pie descalzo.

Nadie sabe lo que es vivir con los pulmones plagados de una pestilencia ácida, agria, asquerosa, que te quema hasta las entrañas y te roba el sueño. Nadie sabe lo que es ese miedo a entrar en tu casa y sentir que tu hogar se ha transformado en una condena, en una tortura sorda, nauseabunda de la que no puedes huir porque ese fulano es incapaz de entender que así no puede vivir nadie.

Mi repugnancia se tornó en una rabia incapaz de contenerse. Y la rabia se volvió odio. Un odio irracional que no podía dominar y recorría descontrolado todo mi cuerpo.

Mis manos querían matarle, mis piernas querían salir huyendo, mi estómago renegaba de mí y lo vomitaba todo.

Hoy ha ocurrido, tarde o temprano todo iba a saltar por los aires. Mi cerebro ya me lo había avisado: un día vas a matarlo. Encontré una rata en mi zapato y algo se rompió muy dentro de mi cabeza…y de mi estómago. Salté sobre la pared que nos separa y vomité contra ella toda mi furia, mi náusea, mi impotencia…mi hartazgo. No sé lo que dije mientras golpeaba el muro, era tanta mi ira que mi boca escupió todo lo que llevaba acumulado en estos años.

La muerte era poca cosa, quería que pagara con su dolor la existencia que me estaba obligando a vivir. Hoy mi odio, mi rabia y mi hartazgo han cruzado su puerta…y lo he matado. Cuando el juez me pregunte qué me llevó a hacerlo le diré que no fui yo…fue el asco.

Luisa R. Bueno

 

 

 

 

Entradas creadas 69

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba