EL ÁNGEL CAÍDO

Cuando te vi por primera vez sentí que eras mi ángel. Mientras nuestra mirada se enredaba feliz por encontrarse, pensé que ésta vez sí, quizás tu fueras mi ángel.

«No escarmentaré», me decía mientras me acercaba, «no escarmentaré», me repetía mientras te dejaba abrazarme.  Te quedaste, de un soplo, con lo que no le había dado a nadie.  Y, mientras lo cogías, seguía diciendo: «Que me quiera, que esta vez no me engañe».

¡Que fácil te resultó que mi voluntad se apartase! Tu maldito encanto me envolvió sutil, poderoso, consiguiendo que mi razón se anulase y que creyera tus mentiras aunque las tripas me avisasen: «Ten cuidado, no es amor, abre los ojos antes de que sea tarde».   Pero ya no había nada mío, me entregué a tu amor…un amor que quería matarme.

Dejé de ser yo, era tuya o de nadie. Mi mente se cerró y solo veía a mi ángel. Hasta que un día el demonio llegó y trajo el primer golpe. No entendí por qué fue, ¿qué más podía ya darte? Un golpe, otro, una burla, un desaire…y por fin abrí los ojos, por fin te veo como eres, ese ángel caído al que, ¡ojalá!, ya no quiera nadie.

 

Luisa R. Bueno

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