CRÓNICA DE UNA PANDEMIA : SILENCIO

 

Ya son 14.555 muertos. En este momento que lo escribo los datos ya se han quedado antiguos. ¿Podéis imaginarlo?, ¿podéis soportar tanto silencio?

En las noticias actualizan cada día la cifra, porque a eso se han visto reducidos, a números. Han dejado de ser nuestros padres y madres, nuestras mujeres y maridos. Ya no son nuestros maestros, ni nuestros campesinos, ni siquiera tienen nombre…son tan solo silencio.

No hay luto por ellos, ni pésame a sus familias, ni crespones negros, ni siquiera son cuerpos con derecho a un entierro digno. Números que crecen al mismo tiempo que el silencio.

Nadie sabe sus nombres, ni cuánto hicieron para que tuviésemos mejor vida que ellos, nadie cuenta sus hazañas, ni sus luchas, ni sus sueños…son solo el ruido sordo de un ingrato silencio.

¿Cuántos de ellos se sentaron a nuestro lado en el metro?, ¿cuántos visitaron con nosotros el mismo museo?, ¿cuántos pasearon el mismo día que nosotros bajo el mismo cielo?

Me aterra pensar el silencio que dejaron en sus casas, las lágrimas de sus hijos y nietos, la desesperación de no poder asimilar lo que pasa y no poder cerrar el duelo.

¿Nadie más siente horror ante tanto silencio?

Se va la generación luchadora, la trabajadora sin límites, la que forjó sus vidas entre los verdaderos valores. La que nunca protestó por su carga, la que siempre estaba para ayudar en lo que pudiese, la que calmaba el dolor entre canciones, la que sonreía cuando los problemas amenazaban con no irse.

¡Qué poco os hemos cuidado! ¡qué necios hemos sido, pensando que seríais eternos! Ahora tendremos que coger vuestras riendas y aprender a tirar del caballo.

Espero ver un día una gran placa con todos sus nombres, con honores como a los caídos en cualquier guerra. Espero un día en el calendario, señalado bien en rojo, dedicado a su memoria. Espero un gran funeral de estado para todos ellos y un pésame oficial a sus familias, y espero, sobre todo, que nos perdonen este silencio ingrato en el que todos ellos se han ido.

Luisa Ruiz Bueno

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4 pensamientos en “CRÓNICA DE UNA PANDEMIA : SILENCIO

  1. Doloroso y certero hasta las lágrimas, Luisa. Como tú, también deseo que se les haga el homenaje que se merecen, ya que en estos momentos las circunstancias nos impiden si no ya llorar por ellos, sí despedirles o enterrarles. Eso sí que ha de ser terrible para un hijo: no poder dar sepultura a sus padres y ni siquiera arroparles en sus últimas horas.

    Creo que aún no somos conscientes de lo huérfanos que nos quedamos poco a poco con cada muerto de esa generación que se suma a la larga lista de fallecidos por el coronavirus.

    Un abrazo muy grande y cuídate, por favor.

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