CRÓNICA DE UNA PANDEMIA 6: ÁNGELES

 

 

Mi madre me decía: «Cuando los demonios andan sueltos , siempre hay ángeles que nos guardan de ellos». Y es verdad, al final es esa la verdadera condición humana, la que nos sale en los momentos difíciles.

Hoy mi pensamiento está con esos ángeles. Los intuyo desde mi ventana, desde donde ahora veo todo, son muchos, os lo aseguro.

Están los que nos cuidan por las calles (policías, guardias civiles, bomberos), mi hijo es uno de ellos.  Solo tienen una mascarilla (de las de un solo uso) y tienen que usar la misma todos los días. Y sí, a pesar de todo salen, con aquello que ya no sirve de nada como única defensa, para que los demás estemos protegidos de los insensatos. Algunos llegan a sus casas con la ansiedad agarrada al pecho, porque tienen familia, y niños, y abuelos, y no saben si lo que traen con ellos podrá enfermarlos. Sin embargo, todos los días se ponen el uniforme y salen , como solo los ángeles saben hacerlo.

Están los sanitarios, esos que nos acogen con sus brazos, cuando el enemigo está a punto de hacernos perder la batalla. Mi hija está entre ellos. También andan sin medios, poniendo su cuerpo como primer escudo en el horror que ,día tras día, llega hasta ellos. No cuentan lo que ven al llegar a casa, solo quieren olvidarlo y coger fuerzas para el turno siguiente. Mi hija llega a casa, se pone música y baila. Esa es su terapia.

Otros ángeles investigan en laboratorios, buscando algo que pueda salvarnos.

Están los militares (esos están ahora en todos los charcos, sanitarios ,transportistas, camilleros… ángeles entregados en todo), los limpiadores, los trabajadores de las tiendas de alimentos, los vigilantes de seguridad…todos los que, ahora mismo, trabajan para que nosotros podamos vivir mejor nuestro encierro. ¡Muchos ángeles entre todos ellos!

Y luego están los que, además de ángeles, me recuerdan a los Reyes Magos: Los transportistas, los camioneros. Van con sus grandes camellos cargados de todo lo que alguien tiene que traernos, todo nuestro sustento. Sus viajes muchas veces son muy largos, horas remolcando nuestros regalos y casi en las mismas condiciones que los primeros Reyes Magos. A su paso todo está cerrado, no tienen dónde comer, ni dónde lavarse las manos. Son horas de soledad, de incomodidad en sus asientos para que, al abrir la nevera, tengamos de todo.

Luego están los ángeles que no vemos, los más anónimos, los que le hacen la compra al vecino que es muy anciano, los que te cuidan al niño para que puedas salir a darlo todo, los que suben libros gratuitos para que pases el rato, o los que nos hacen tablas de gimnasia para que estemos más sanos…

Mi madre tenía razón. Tenemos muchos ángeles que nos protegen de los diablos.

Luisa Ruiz Bueno

 

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4 pensamientos en “CRÓNICA DE UNA PANDEMIA 6: ÁNGELES

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