AQUELLOS DULCES AÑOS

 

 

Nada está bien, nada.  Podría ser un día como otro cualquiera, pero no lo era.  Este era un día de esos que amanecen azules, soleados, llenos de expectativas.  De esos que te joden cuando abres los ojos porque te sientes tan mal, tan hecha mierda, que solo esperas que, por una maldita vez, el día también te acompañe.

Un día hermoso no es buena pareja de baile cuando tú lo que quieres son tormentas que te mantengan en casa, que te alejen, sin necesidad de excusas, de todos.  Así que me levanté huraña, cabizbaja, con todos los síntomas de quien solo quiere estar triste y, de paso, que el mundo desaparezca.

La culpa la tenía el verano, los largos días de fiesta habían venido acompañados del desencanto.  Las largas excursiones, los chapuzones en el río, las excursiones en grupo…Nada de todo eso se había salvado.  Parece que todos hubieran crecido de golpe, que mirasen el pasado como si nada de aquello fuera ya importante.  ¡Pero que prisa tiene todo el mundo con hacerse mayor!

A mí me siguen gustando las risas, las confidencias, los: «¡A ver quién se atreve!».  Añoro las quedadas en grupo, los «me gusta fulano», las bambas con barro y las carcajadas sin motivo aparente; la ropa manchada, los bocadillos en la calle, el pelo revuelto y mojado por el agua del río…Y añoro aquel divertido grupo de amigos.

Cada verano queda menos gente, cada verano ha crecido alguien.  Unos trabajan, otros se ennoviaron y ya no vienen.  Otros prefieren viajar, aprender idiomas y conocer otra gente.

Y yo sigo aquí, enfurruñada, maldiciendo mi mala suerte.  Anclada en aquellos dulces años, con una inevitable pereza a crecer,  con las sandalias limpias, el pelo bien peinado y la ropa tan limpia que me duele.

Hace ya tiempo que me voy dando cuenta de que el verano no es ya lo mismo que antes.

 

Luisa R. Bueno

 

 

 

 

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4 pensamientos en “AQUELLOS DULCES AÑOS

  1. Vaya que sí, con esa nostalgia. Ese ‘si por un momento»… De la inconsciencia a veces de nuestro cambio y nuestra necesidad a veces de huir y qué mejor sitio que dónde fuimos felices y libres. Precioso.

  2. Me esperaba algo muy diferente al principio, tras leer las primeras líneas, pero creo que me quedo con esa descripción nostálgica de la infancia y juventud en el pueblo. Me he sentido dolorosamente identificada en algunos pasajes: por una parte me niego a cambiar, pero por otra resulta inevitable, de hecho ya no soy la misma de entonces, aunque me niegue a admitirlo.

    Esa mención al río ha acabado por conquistarme. Un relato muy honesto y tierno.

    Un placer volver a leerte.

    Un abrazo púrpura.

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